Sigmund Freud
Silvio Fanti

  1. Introducción
  2. Las sesiones de larga duración
  3. Los recursos técnicos
  4. Otras características importantes
  5. La psicoterapia micropsicoanalítica

2. Las sesiones de larga duración

Las sesiones de larga duración constituyen el elemento central de la técnica micropsicoanalítica. El esquema tipo es el de sesiones de tres horas al menos cinco veces por semana.

Este dispositivo está concebido para dar al analizado* el máximo de oportunidades para expresar lo que no puede exteriorizar en ninguna otra parte: todo esta preparado para que pueda verbalizar libremente y sin artificios lo que se le viene a la cabeza y lo que siente. Una vez que ha llegado ahí, su discurso se desarrolla en asociaciones libres, a través de las cuales va a entrar en contacto con elementos que componen su psiquismo inconsciente.

El método de libre asociación es necesario para conocer el inconsciente por varias razones. El inconsciente contiene elementos reprimidos que tienen prohibido el acceso a la conciencia. Además, funciona de manera arcaica, sin tener en cuenta la lógica racional, y según leyes incompatibles con la conciencia. Así, las reglas que organizan el pensamiento en una construcción lógica, son un obstáculo para descubrir los contenidos del inconsciente y descodificar sus manifestaciones (sueños, fantasmas, síntomas neuróticos..). Cuando en sesión, el sujeto deja de lado esas normas, reaparecen recuerdos hasta entonces perdidos, se presentan pensamientos inesperados, y surgen emociones profundas. Estos elementos se encadenan unos con los otros de suerte que abren las puertas del inconsciente, estableciendo con él canales a través de los cuales puede expresarse y “respirar” mejor. Sobre todo, las manifestaciones del inconsciente se conectan con recuerdos, pensamientos y emociones que les dan por primera vez una significación. Así, no solamente el sujeto puede establecer puentes con contenidos reprimidos que estaban rotos, sino que además sus tensiones psíquicas encuentran una vía de salida adecuada.

Un trabajo analítico en sesiones de larga duración tiene efectos específicos. Da el tiempo de ser receptivo a lo que sube de las profundidades del psiquismo. Estos contenidos, que pasan muy a menudo desapercibidos, pueden ser integrados a lo largo de la sesión y conectados con elementos a los que se unen por medio de un lazo inaparente. Pongamos el ejemplo de una persona que empieza su análisis quejándose de haber tenido numerosos fracasos amorosos. A lo largo del trabajo, este tema se conectará con otros episodios del pasado sin que esta persona comprenda por qué. Poco a poco, se va dando cuenta de que estos episodios tienen algo en común: una ruptura o una separación. Después, sus asociaciones libres dejarán que aparezcan recuerdos de infancia. Entre estos recuerdos, constatará correlaciones insólitas con los fracasos de mayor. Profundizando el trabajo de asociaciones libres, esta persona establecerá nuevas correlaciones que le permitirán conocer esquemas relacionales que repetían un traumatismo infantil olvidado.
Dado que una sesión de larga duración promueve las vivencias, permite que afloren sentimientos intensos y no solamente tomas de conciencia intelectuales. Más que remover el pasado, hacer un micropsicoanálisis consiste sobre todo en revivir sobre el diván momentos clave de su historia reciente o pasada. La mayor parte de experiencias antiguas estaban olvidadas hasta entonces, desposeídas de su carga afectiva o cortadas de elementos que habrían podido darles sentido. Las sesiones de larga duración reavivan las marcas de un pasado escondido. El analizado revive así, con una abundancia de detalles y sobre todo con una carga afectiva adecuada, las situaciones que han marcado su desarrollo. El trabajo de las vivencias conlleva a veces a descargas emocionales intensas que pueden ser trabajadas en profundidad a lo largo de la misma sesión. Con la progresión del análisis, los afectos expresados van a unirse a representaciones reprimidas, lo que a fin de cuentas permite atenuar determinadas distorsiones emocionales que envenenan la vida.

Otra particularidad de las sesiones de larga duración reside en el hecho de que la vivencia puede ser abordada en el momento, es decir, trabajada asociativamente hasta que la vivencia memorizada de base no sea en lo sucesivo fuente de conflicto y pueda ser integrada en el yo, para ser transformada en energía para el sujeto.

Las vivencias en sesión conciernen tanto a sucesos de la vida cotidiana como a experiencias antiguas. En sesión, el analizado oscila en permanencia entre presente y pasado. Hay momentos en que se vuelca sobre su realidad interna y otros en los que se abre en imágenes y pensamientos conectados a la realidad exterior. Asociar libremente no significa estar aislado del mundo: las vivencias cotidianas, los objetos que nos rodean siguen estando presentes en la mente. Pero después de pasadas una o dos horas sobre el diván, el analizado conecta determinados aspectos de su vida actual con vivencias antiguas, une asociativamente relaciones correspondientes a su vida adulta con personajes de antes y con episodios de su infancia. Así, llega a comprender sus interacciones con lo que le rodea, a conocer lo que proyecta y lo que recibe, a percibir que determinados estímulos externos encuentran una resonancia profunda en él, lo que le lleva a poder reaccionar y, si acaso, a evitar.

Así, las sesiones de larga duración hacen más que dar tiempo al analizado para expresarse e ir al reencuentro de su psiquismo profundo. Crean condiciones óptimas para el desarrollo de asociaciones significantes: contenidos manifiestos (pensamientos, emociones, sentimientos, imágenes mentales, relaciones, comportamientos) se unen espontáneamente con determinantes inconscientes que les dan sentido. En sesiones de larga duración, las asociaciones libres forman grandes cadenas que ponen en relación los diferentes ingredientes de la vida: vivencias del presente, recuerdos del pasado, representaciones de la realidad, imágenes de sueños, escenarios fantasmas, deseos sexuales y agresivos, momentos de satisfacción o de frustración, en fin, toda suerte de emociones, sentimientos, pensamientos, comportamientos y síntomas. Poco a poco, las grandes cadenas asociativas conectan estos constituyentes de la existencia con las marcas grabadas en las profundidades del psiquismo: vivencias infantiles, uterinas y ancestrales, contenidos reprimidos y complejos que estructuran el inconsciente.

El desarrollo de grandes cadenas asociativas constituye una condición indispensable para poder estudiar en sesión, sin falsear el trabajo de análisis, los documentos del analizado tales como sus fotografías personales y familiares, cartas, árbol genealógico o planos de los lugares en los que ha vivido.

Gracias a las conexiones asociativas es como el discurso del analizado revela progresivamente su inconsciente: muestra como su pasado influencia siempre su vida presente y le hace repetir, a menudo sin querer, esquemas de satisfacción o de frustración anacrónicos o comportamientos injustificados. El analizado se sumerge así muy profundamente en su pasado. A menudo remonta más allá de lo que él ha vivido durante su infancia y llega a experiencias intrauterinas y a elementos que forman parte de su herencia psíquica ancestral. Así, la persona en micropsicoanálisis conecta poco a poco los hilos perdidos de su vida, reconstruye partes de su memoria que habían sucumbido debido a la represión y descubre un sentido a su historia y a la de su familia.

En este sentido, el trabajo en sesiones de larga duración va mucho más allá del aspecto terapéutico. No solamente el analizado se da cuenta del origen inconsciente de sus sufrimientos y de sus síntomas neuróticos, sino que puede dar un sentido a sus aspiraciones existenciales, a su imaginación, a sus sueños, a sus fantasmas. El hecho de conocer y de situarse en su historia personal, familiar y social, tiende a reforzar su identidad y le permite crear una nueva manera de estar en el mundo.

* Los micropsicoanalista han conservado la costumbre de hablar de “ analizado” como lo hacían Freud y los primeros freudianos.